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La Primera Guerra Mundial supuso un duro golpe para el sistema económico liberal, predominante durante el siglo XIX. Tras el conflicto se intentó restablecer el equilibrio económico, pero la expansión de los años veinte no acabó con los desequilibrios.
La crisis de 1929, junto a la iniciada en 2008, es considerada como la más grave del capitalismo. Fue el acontecimiento central del período 1919-1939. Esta crisis tuvo sus raíces en los cambios en la estructura económica internacional, tras la Primera Guerra Mundial.
El crack de la Bolsa de Nueva York puso de manifiesto la fragilidad sobre la que se asentaba el modelo económico de la «prosperidad» de los años veinte. La crisis tuvo su origen en Estados Unidos, y el peso de este país en la economía mundial hizo que sus efectos se extendiesen al resto del planeta. Lo más importante del crack fue la profunda y larga depresión que le siguió. La reactivación de la economía europea y estadounidense fue muy tardía, a partir de 1938-1939. Pero ya era demasiado tarde, la población europea había virado hacia sentimientos y formas de entender el mundo que llevarían al mundo hacia la II Guerra Mundial.
Al mismo tiempo que se intentaba restablecer el liberalismo económico previo a la Gran Guerra, la democracia se extendía por casi toda Europa. Sin embargo, los problemas económicos, políticos y sociales provocaron pronto la crisis de los sistemas democráticos. Entre 1922 y 1939, en los países europeos con escasa tradición democrática se fueron imponiendo dictaduras nacionalistas de derechas.
Esta desestabilización fue producto de:
- El impacto de la Revolución rusa de 1917, que contagió el ansia revolucionaria a gran parte del movimiento obrero y los partidos de izquierdas.
- El desarrollo de organizaciones de derechas autoritarias.
Los partidos fascistas se caracterizaron por el violento rechazo al sistema parlamentario liberal, un odio intenso al socialismo y al comunismo, un acusado ultranacionalismo, que ensalzaba el mito de la raza, el culto a la violencia y la capacidad de movilización de las masas atraídas por el carisma de un líder. Los mejores ejemplos fueron el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania, que implantaron un nuevo modelo de dictadura totalitaria.
Al mismo tiempo que la democracia y la economía se descomponían, el arte, la sociedad y la cultura mundiales se encaminaban hacia las formas actuales. Los acontecimientos masivos como conciertos, grandes eventos deportivos, mítines políticos… comenzaban a aparecer, las vanguardias dieron un giro de no retorno al arte y la arquitectura se encaminaba hacia un racionalismo y utilitarismo que rompió definitivamente con las formas y materiales clásicos.
